Hoy trabajamos en clase la elaboración de resúmenes de un artículos académico (abstract, en inglés). Y vimos que no era fácil distinguir una introducción de una resumen.
En la introducción uno puede describir más el contexto de esa información. Por ejemplo, si se habla de la gastronomía mexicana, una introducción permite hablar de la riqueza de productos del país, de la importancia de la gastronomía en su cultura, etc. Pero en el abstract esa información "panorámica" resulta inoportuna, pues lo que queremos es que, en pocas palabras, se nos diga qué ideas va a proponer el artículo, qué lo diferencia de otros posibles sobre el mismo tema. Es como si estuviéramos leyendo la cartelera del cine y en lugar de ofecernos el argumento y el nombre de los actores nos dijera algo así como "El cine es un espectáculo que a lo largo del siglo XX fue haciéndose más importante en el ocio de las ciudades". Ajá. Estupendo. Muy interesante, pero.... ¡¡¿De qué trata la película?!!
Me gusta comparar la redacción del resumen con la elaboración de un jugo de naranja. En nuestra mente tenemos una naranja grande, repleta de información sobre un tema. Pero el resumen consiste en prensar esa naranja para extraerla su esencia, sus vitaminas de información. El jugo de un ensayo sobre gastronomía consistiría en extraer qué tipo de alimentos o de estilo de cocina se va a analizar, y cuál es nuestra postura sobre ese tema (nos parece que ese estilo debería tener más presencia en nuestros hábitos o menos, creemos o no que la influncia extranjera en la comida es algo beneficioso o no, o en qué sentido lo sería y en cuál no, etc). Y, por último, ¿en qué nos basamos para afirmar nuestra postura ? (tal vez en sus propiedades alimenticias, o en su carácter innovador, o en su equilibrio, etc).
¿Cuál es el problema de confundir una introducción con un resumen? Pues que en lugar de saber qué tipo de juego vamos a saborear, y así apreciar el sabor único de esa naranja, lo que tenemos a cambio es sólo un agua de naranja, idéntica a las miles que pueden hacerse con esa misma naranja.
Mostrando entradas con la etiqueta redacción académica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta redacción académica. Mostrar todas las entradas
viernes, 1 de octubre de 2010
lunes, 27 de septiembre de 2010
El arte del párrafo
En mi experiencia, cuando los estudiantes toman la decisión de cambiar de párrafo en uno de sus escritos académicos suelen hacerlo en virtud de dos criterios fundamentales: la estrategia del "tin marín de do pingüé", osea, según se antoje en cada momento; o bien según un criterio visual según el cual cuando van varias líneas seguidas y el texto se empieza a ver cargado, deciden el cambio de párrafo. Osea, que los estudiantes están más perdidos en esto de los párrafos que un elefante en una talachería. Y pasa lo que pasa, que su escritura va tropezando en cada esquina.
En realidad un párrafo no es sino un fragmento importante de un texto. Importante y autónomo, pues ésa es su características principal: que las frases que reúne refieran al mismo tema, a la misma área de conocimiento. Pongamos un ejemplo. Si un alumno va a elaborar un artículo periodístico sobre la UDLA, los temas de los que puede hablar son varios: sus instalaciones, sus programas académicos, su ubicación, su prestigio, los programas de intercambio en el extranjero, sus actividades extra-académicas, etc. Pues bien, cada uno de esos temas podría considerarse como un sólo párrafo.
Es cierto que se recomienda, como utopía académica, que un párrafo integre una secuencia de entre 5 o 7 frases. Pero en realidad yo creo que ese tipo de reglas confunden al estudiante primerizo más que ayudarlo. Pues le hacen sentir que la delimitación del párrafo depende de la cantidad de información, y no de su unidad temática. Además, esos patrones corresponden más a cierto tipo de discursos (reportes de investigación, artículos científicos) y son más importantes en otras tradiciones discursivas, como la estadounidense.
Mi consejos finales son éstos: antes de empezar a escribir haz un mapa mental o un esquema con las "áreas de información" (temas) que vas a tratar. Cada una, en principio, sería un párrafo. Una vez comiences a desarrollarlas, si sientes que lo que vas a decir vale tanto la pena como para considerarlo como un tema independiente, entonces forma un nuevo párrafo.
Por ejemplo, veamos qué sucede en este post. Yo mismo acabo de dudar si integrar este párrafo en el anterior o no. Depende. Si sólo quiero poner un ejemplo que ilustre mis consejos, puede formar parte del párrafo anterior (ley-ejemplo). Pero si quiero crear un interés especial en el ejemplo, si lo pienso desarrollar, si creo que uno de los "temas" de este post es aportar un ejemplo concreto, entonces formo con él un párrafo aparte (así todo el texto seguiría la siguiente secuencia temática: problemas en el párrafo + mi tesis + matización de la tesis + consejos + ejemplo + cierre).
¿Qué interesante, no? El párrafo considerado como una estrategia para organizar las ideas del texto y para darles la relevancia que el autor quiera.
En realidad un párrafo no es sino un fragmento importante de un texto. Importante y autónomo, pues ésa es su características principal: que las frases que reúne refieran al mismo tema, a la misma área de conocimiento. Pongamos un ejemplo. Si un alumno va a elaborar un artículo periodístico sobre la UDLA, los temas de los que puede hablar son varios: sus instalaciones, sus programas académicos, su ubicación, su prestigio, los programas de intercambio en el extranjero, sus actividades extra-académicas, etc. Pues bien, cada uno de esos temas podría considerarse como un sólo párrafo.
Es cierto que se recomienda, como utopía académica, que un párrafo integre una secuencia de entre 5 o 7 frases. Pero en realidad yo creo que ese tipo de reglas confunden al estudiante primerizo más que ayudarlo. Pues le hacen sentir que la delimitación del párrafo depende de la cantidad de información, y no de su unidad temática. Además, esos patrones corresponden más a cierto tipo de discursos (reportes de investigación, artículos científicos) y son más importantes en otras tradiciones discursivas, como la estadounidense.
Mi consejos finales son éstos: antes de empezar a escribir haz un mapa mental o un esquema con las "áreas de información" (temas) que vas a tratar. Cada una, en principio, sería un párrafo. Una vez comiences a desarrollarlas, si sientes que lo que vas a decir vale tanto la pena como para considerarlo como un tema independiente, entonces forma un nuevo párrafo.
Por ejemplo, veamos qué sucede en este post. Yo mismo acabo de dudar si integrar este párrafo en el anterior o no. Depende. Si sólo quiero poner un ejemplo que ilustre mis consejos, puede formar parte del párrafo anterior (ley-ejemplo). Pero si quiero crear un interés especial en el ejemplo, si lo pienso desarrollar, si creo que uno de los "temas" de este post es aportar un ejemplo concreto, entonces formo con él un párrafo aparte (así todo el texto seguiría la siguiente secuencia temática: problemas en el párrafo + mi tesis + matización de la tesis + consejos + ejemplo + cierre).
¿Qué interesante, no? El párrafo considerado como una estrategia para organizar las ideas del texto y para darles la relevancia que el autor quiera.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)